viernes, 1 de enero de 2016

LAS CABAÑUELAS SIGUEN VIGENTES


A pesar de que los meteorólogos han refutado las proyecciones que hacen los campesinos sobre el estado del clima a través de las Cabañuelas, esta práctica aún se mantiene vigente en muchos rincones del país.

Cuando arranca el año nuevo, los campesinos observan con detalle como es el comportamiento de los doce primeros días del año. El día primero corresponde a enero y así sucesivamente hasta alcanzara el 12 de enero que corresponde a diciembre.

Pero para confirmar que los pronósticos climáticos son verdaderos utilizan la prueba de la contra cabañuela. Es decir que el día 13 de enero corresponderá a diciembre y así sucesivamente hasta llegar a enero en el día 24 de enero.

A pesar de que los expertos del Ideam han realizado estudios comparativos de una década sobre las proyecciones de las cabañuelas y los resultados han sido contrarios a éstas, los campesinos mantienen su tradición y se siguen guiando por éstas.

Para Francisco Claros, experto del Ideam, las cabañuelas no tienen ningún asidero, pero sin embargo sostiene que respeta las posiciones de los campesinos.

Claros recalca que en la Costa Atlántica en enero nunca llueve y eso significaría que durante todo el año no se presentarían lluvias, pero eso realmente no sucede. En abril y octubre se presentan fuertes precipitaciones, lo cual va en contra vía de las cabañuelas.

Lo cierto es que para muchos campesinos estas prácticas son efectivas y las fases de la luna les han permitido tener sus cosechas sin contratiempos.

Expertos señalan que es cierto que hay algunas características de la naturaleza que pronostican las lluvias y un ejemplo claro es que cuando las aves migran de una zona, es porque vienen las lluvias y esto se sigue presentando.

Lo mismo ocurre con los osos cuando duermen mientras pasa la temporada de invierno o con las hormigas que realizan trabajos para guardar alimentos pues saben que llegará el invierno.

Pero esta tradición no sólo es de Colombia, también de los aborígenes de Latinoamérica y de la zona mediterránea de Europa, especialmente de España.

Las cabañuelas indican a las gentes como pintará el clima en los meses siguientes. Pero a esta tradición se anteponen los pronósticos del Ideam.

En Bolivia los agricultores toman una piedra distinta cada nueve días, allá en el mes de septiembre, y por la mayor o menor humedad que reviste la parte que estaba hundida en el suelo, predicen la copia de aguaceros para cada uno de los nueve meses de la temporada agrícola. A estas piedras cabalísticas llaman también cabañuelas.

Las cabañuelas se basan en largos siglos de observación y comprobación de los fenómenos atmosféricos llevada a cabo por gentes que conocían y dependían del cielo. Y, como se suele decir, sabe más el pueblo que los sabios.

La gente que durante generaciones vivió en, por, y para la Naturaleza y no tenía contacto con la ciudad, que observaba los fenómenos físicos desconociendo sus leyes, había necesariamente de caer en las supersticiones.

De acuerdo con Custodio Higuera, un campesino del Meta, la luna llena es muy propicia para sembrar árboles y poner a las gallinas a calentar sus huevos para que los pollitos nazcan fuertes.

Entre los indígenas tules, de Antioquia; los arhuacos, de la Sierra Nevada de Santa Marta, y los pescadores del río Magdalena y sus ciénagas vecinas, la convicción sobre la determinación del clima según las fases de la luna también está muy arraigada y sus cambios son tenidos en cuenta para planear los cultivos o salir a pescar. Los wayúus, se guían además por el azul del cielo y la aparición de estrellas.

Pero, quizá la creencia más generalizada entre los campesinos del país son las cabañuelas

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